Para inmortalizar su viaje a Guadalupe, la familia de Cathy eligió una de las joyas de Gosier: la playa de Petit-Havre. Fue una elección obvia para una sesión de fotos de estilo de vida donde la vida se desarrolla sin filtros. Aquí, el paisaje es vibrante. Entre los coloridos barcos de pesca meciéndose en el agua y la gama de azules de la laguna, cada rincón de esta playa invita a la creatividad. Es un lugar profundamente fotogénico, donde la luz juega con las hojas de los almendros para crear un ambiente cálido y natural. Lejos de poses forzadas, la familia de Cathy se entregó a este espacio de libertad. Entre olas y algunos trotes por la arena fina, las sonrisas abundaban, capturando la esencia misma de su conexión. Un interludio soleado donde la alegría de estar juntos en familia complementa a la perfección el alma salvaje y auténtica de Guadalupe.






